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2020: bienvenidos a la nueva era de la sociedad digital

por | Oct 10, 2020

Descarga en PDF el artículo de Actualidad Profesional de octubre.
El año 2020 será recordado durante las próximas décadas por el fatal acontecimiento del COVID-19, la primera gran pandemia del siglo XXI y la primera de la que se puede hacer seguimiento global en tiempo real.
Un año que queremos y necesitamos dejar pronto atrás, por sus devastadoras consecuencias humanas, sociales y económicas.
Un año de número casualmente redondo y fácil de recordar; y una fecha que parece marcar un cierto cambio de época por la brusca aceleración digital que ha provocado y que ha permitido sobrevivir a la sociedad global gracias a los avances tecnológicos de las últimas décadas.
Considero muy probable que los libros de Historia de las próximas décadas añadan a sus páginas una nueva etapa de la humanidad, agregando la sociedad digital a la llamada era moderna. Una sociedad digital que es el resultado de una década previa de exponencial desarrollo tecnológico.
Asistimos, así, al nacimiento en directo de la nueva Sociedad Digital, potenciada por la Inteligencia Artificial (IA), la Robótica, la computación en la nube, Blockchain y las múltiples aplicaciones de estas y otras tecnologías como consecuencia de la exponencial convergencia tecnológica. Son nuevas tecnologías disruptivas que inundan, ya desde hace algunos años, cada vez más rincones de la economía y de la vida social y que han experimentado una aceleración en su desarrollo e implantación en los últimos años.
Ahora bien, todo cambio de época tiene una parte de rupturismo con la anterior y de necesidad de adaptación. En este trance afloran también las verdaderas debilidades y -con claridad- los retos y la inventiva para adaptarnos al nuevo contexto. El primer afán se torna habitualmente en una resistencia al cambio que pretende continuar sobrellevando la “rutina” a la que estamos habituados y que no deja de ser una ilusión por retrasar lo inevitable.
El ser humano tiende a querer permanecer en la “zona de confort” de su hábito diario. El roce de sus límites provoca, en ocasiones, temor. La brusca modificación de su área de control tiende a provocar pánico e inmovilidad puntual. Sin embargo, ese brusco movimiento promueve el despertar de otro instinto innato que ha sido fundamental en la historia de la humanidad: su capacidad de adaptación para sobrevivir al cambio. Y no es malo, en absoluto; muy al contrario, nos ayuda a descubrir áreas de nosotros mismos que no sabíamos que existían, a “reinventarnos”, a traspasar el espejo de la imagen inactiva y meramente decorativa.
La pandemia ha provocado una crisis sanitaria, social y económica sin precedentes desde hacía muchas décadas, pero ha representado la puesta de largo del teletrabajo, de la educación online, de las gestiones administrativas a distancia, del entretenimiento digital y de las redes sociales. Una interconectividad en máximos históricos que constata que una gran parte del planeta es, verdaderamente, una sociedad digital.
Tecnologías más clásicas se unen y combinan con las tecnologías más disruptivas afanándose en dar solución a la emergencia sanitaria, a la logística alimentaria y a la atención social en todas sus facetas. Inteligencia Artificial y Big Data al servicio de la investigación médica; redes de comunicaciones y potencia de computación resilientes ante el riesgo de saturación y, sobre todo, el inagotable y agudo ingenio de la humanidad para aportar soluciones de forma acelerada.
Pero tecnología, logística o disposiciones de emergencia de los gobiernos no son nada sin la red más resiliente de todas: la determinación de supervivencia del ser humano. Inteligencia, empatía, adaptación al nuevo entorno y, por supuesto, también, el humor. Todo ello son ingredientes indispensables para la receta que afronte los retos y desafíos de la extraordinaria situación.
Y ante acontecimientos extraordinarios se precisan personas y soluciones extraordinarias. La resistencia al cambio no ayuda a replantear los problemas cuando cambia el entorno y es lo que hace que “guerras súbitas” como la provocada por la pandemia se aborden con estructuras y procedimientos preexistentes y no adaptados.
Es un hecho que las tecnologías disruptivas como la Inteligencia Artificial cambiarán nuestra rutina en los próximos años. Quizá en una década, nuestra realidad sea irreconocible si la comparamos con la actual. La generación de datos de los innumerables dispositivos personales -y profesionales- de los que dispondremos se autogestionarán. Probablemente no concibamos nuestra vida sin la IA, igual que hoy no concebimos construir una carretera o una vivienda con nuestras manos.
Es, por tanto, este en el que nos encontramos un momento de transición vital. Un cruce de caminos en el que nuestra actuación y nuestro esfuerzo son cruciales.
De nosotros depende elegir el camino correcto. E igual que un camino puede estar plagado de nuevas y grandes oportunidades, el otro puede dar lugar al caos y al fracaso más absoluto.
Los tres grandes retos para el futuro inmediato de la humanidad (desde el punto de vista de los países desarrollados) son: la sostenibilidad del planeta, la longevidad y la acelerada transformación digital.
Es posible que la tecnología pueda combinar soluciones compartidas entre estos tres retos, pues se puede desarrollar una Transformación Digital Sostenible (TDS) que contribuya tanto al logro del reto ecológico como al sostenimiento de un modelo productivo y social que otorgue identidad a la nueva era de la Sociedad Digital que nace en el año 2020.

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