¡Hay que cumplir!

Actualidad profesional, publicado en e-Dictum 45, septiembre de 2015

No es lo mismo cumplir por imposición que cumplir por convicción; y entre uno y otro planteamiento discurre también el cumplimiento por coacción, el cumplimiento por acatamiento o, con otro semblante, el cumplimiento por orgullo o sentimiento.

Desde otra perspectiva, en el servicio de armas y otras actividades de gran compromiso personal, cumplir una misión o cometido es consustancial y vocacional: se cumple porque “es lo que se debe hacer”, trascendente frase esta última que no vendría mal incorporar al sentimiento de muchos más ciudadanos y empresas.

Pero cumplir como personas puede ser una cosa y cumplir como empresas o instituciones puede ser otra, por la dilución en la identificación del sujeto sometido o animado a tal cumplimiento, por la dedicación, coste o inversión que ello supone y por muchas otras circunstancias que incluso cabría relacionar con los llamados conflictos de agencia.

En el contexto actual, el “cumplimiento” u “observancia”, quizá más conocido por un “palabro” anglosajón que nos han colado de nuevo en nuestra lengua: el/la “compliance” está adquiriendo un protagonismo sobresaliente en los últimos años y, si me apuran, en los últimos meses, pasando a ser un componente esencial de índole operativa y también estratégica en las organizaciones empresariales.

Se trata de “cumplir” con principios que eviten el incumplimiento de la regulación legal, pero que también recojan la ética y el compromiso de la empresa en todas sus facetas, lo cual supone la incorporación efectiva de elementos propios de la responsabilidad social de la empresa.

Los departamentos de “compliance” y el número de sus efectivos humanos han crecido exponencialmente en los últimos años, pues es mucha también la regulación normativa que han desarrollado gobiernos e instituciones.

Lo que hasta no hace mucho era un cometido más dentro de alguna de las áreas funcionales de la empresa, se configura ya con carácter desgajado en la estructura organizativa y con identidad propia y autoridad en muchas, haciendo incluso girar en torno a los departamentos de “compliance” muchas de las decisiones estratégicas de las empresas. Un ejemplo destacado es el de las compañías financieras.

La regulación es ya prolija, como cabe referir por diversas normas y disposiciones nacionales y transnacionales, entre las que cabe citar para nuestro ámbito doméstico, la Directiva europea 2014/95 sobre divulgación de información no financiera, que en España supondrá que las empresas con más de 500 empleados tendrán que publicar su actividad en materia medioambiental, de género y diversidad, anticorrupción y sobre derechos humanos; la aplicación de Código de Buen Gobierno de la CNMV aprobado en febrero de 2015 que incide en la supervisión de la estrategia de RSC por parte de los consejos de administración de las compañías cotizadas; y, también, lo que emana en este ámbito de la reforma del Código Penal de marzo de 2015.

Se pide que las empresas tengan sensibilidad hacia el entorno y sentido de comunidad y que actúe en doble sentido la perspectiva de su impacto en la sociedad y cómo esta misma sociedad impacta en las empresas.

Pero todo ello, que suena realmente bien, se moverá entre el cumplimiento por imposición regulatoria y el cumplimiento por convencimiento. Sin duda, es el convencimiento el que mejores y más consistentes y duraderos resultados aportará, y llegará a ser incluso una posible seña diferencial de muchas empresas en el mercado, probablemente valorada por una sociedad cada vez más informada y exigente; y ello, quizá, se traduzca a medio plazo en una mejor valoración económica. Se conseguiría así cumplir el paradigma de que la empresa refleje en su valor económico su valor ético y su compromiso reputacional.

Sin duda, todo esto va a marcar un eje clave en el desarrollo de la actividad empresarial contemporánea y venidera y, por ello, Dictum ha apostado desde su componente académico-profesional por profundizar en esta relevante cuestión para todos. La reciente puesta en marcha de un grupo de investigación en materia de “compliance” con un trabajo de campo desarrollado desde el Observatorio de Ética en los Negocios, con la participación directa de la Asociación Española de Financieros de Empresa (ASSET) y de la Universidad CEU San Pablo, así como la colaboración de la mayoría de las grandes empresas españolas, promete interesantes resultados sobre el estado de la cuestión y el planteamiento de futuro sobre si las empresas españolas ¡CUMPLEN!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.