responsabilidad concursal

Responsabilidad concursal

La Sentencia del Tribunal Supremo 279/2019, Sala Civil, de 22 de mayo de 2019, se refiere a la correcta interpretación del artículo 172 bis de la Ley Concursal, tras la reforma operada por el Real Decreto Ley 4/2014, de 7 de marzo. En el supuesto, la administración concursal pidió en la sección de calificación que se declarara culpable el concurso por la concurrencia de dos causas: i) irregularidades relevantes en la contabilidad para la comprensión de la situación patrimonial del concursado (art. 164.2.1º LC); ii) e inexactitudes graves en los documentos acompañados con la solicitud de concurso (art. 164.2.2º LC). El informe de calificación identifica como personas afectadas por la calificación a los dos administradores de la sociedad y pide su inhabilitación por un período de dos años, así como la pérdida de derechos en el concurso y su condena a cubrir la totalidad del déficit concursal. El Ministerio Fiscal se adhirió a la calificación propuesta por la administración concursal. De las dos causas de calificación, el juzgado mercantil sólo apreció la concurrencia de la primera y declara personas afectadas por la calificación a los dos administradores de la sociedad, a quienes inhabilita por dos años, además de condenarlos a la pérdida de cualquier derecho como acreedor concursal o contra la masa, y a responder solidariamente de la cobertura del déficit concursal. La sentencia de primera instancia fue recurrida en apelación por la concursada y por los dos administradores declarados personas afectadas por la calificación. La Audiencia confirma la calificación culpable porque se entiende acreditado que se contabilizaron créditos inexistentes y también confirma la declaración de personas afectadas por la calificación y su condena a la inhabilitación y a la pérdida de derechos en el concurso. Pero, respecto de la condena a la cobertura del déficit, la Audiencia entiende que bajo la normativa aplicable (el art. 172 bis LC, tras la reforma operada por el RDL 4/2014, de 7 de marzo) debe aquilatarse a la medida en que se hubiera generado o agravado la insolvencia. La sentencia de apelación viene acompañada de un voto particular que discrepa del enjuiciamiento realizado sobre la condena a la cobertura del déficit, resaltando en el caso planteado la ausencia de valoración de la incidencia de la conducta que determina la calificación culpable del concurso en la generación o agravación de la insolvencia -que además no podía extraerse del informe de la administración concursal, que nada decía al respecto- así como la falta de explicación de la intervención de cada uno de los administradores en el hecho que determina la calificación. Por eso entiende que no procedía la condena a la cobertura del déficit.

Interpuesto recurso de casación, la controversia se contrae a la correcta interpretación del artículo 172 bis de la Ley Concursal, tras la reforma operada por el Real Decreto Ley 4/2014, de 7 de marzo, en relación con su aplicación al caso enjuiciado. Señala, a este respecto, la Sentencia del Tribunal Supremo de 22 de mayo de 2019, que esta reforma modificó el régimen de responsabilidad respecto de la cobertura del déficit previsto en el artículo 172 bis de la Ley Concursal, al especificar en su apartado 1 que la condena «a la cobertura, total o parcial, del déficit», lo será «en la medida que la conducta que ha determinado la calificación culpable haya generado o agravado la insolvencia». Así lo interpretó el Tribunal Supremo en la sentencia 772/2014, de 12 de enero de 2015, al resaltar su naturaleza resarcitoria: «la introducción de tal inciso en esa reforma legal no puede considerarse como una aclaración o interpretación de la normativa preexistente, sino como la decisión del legislador de modificar el criterio determinante de la responsabilidad concursal e introducir un régimen de responsabilidad de naturaleza resarcitoria, en cuanto que podrá hacerse responsable al administrador, liquidador o apoderado general de la persona jurídica (y, en determinadas circunstancias, a los socios) de la cobertura total o parcial del déficit concursal «en la medida que la conducta que ha determinado la calificación culpable haya generado o agravado la insolvencia». En esta sentencia 772/2014, de 12 de enero de 2015, el Tribunal Supremo entendió que el nuevo régimen de responsabilidad sólo era aplicable a los casos en que la sección de calificación hubiera sido abierta después de la entrada en vigor del Real Decreto Ley 4/2014, de 7 de marzo, como ocurre en el supuesto que ahora se plantea. Por esta razón, destaca que no se hubiera pronunciado antes sobre su correcta interpretación y aplicación.

Pues bien, bajo el actual artículo 172 bis.1 de la Ley Concursal, indica el Tribunal Supremo que la justificación de la condena a la cobertura del déficit radica en la incidencia que la conducta o conductas que hubieran merecido la calificación culpable del concurso han tenido en la generación o agravación de la insolvencia. Como se ha advertido en la doctrina, esto trae consigo dos consecuencias lógicas, que afectan al enjuiciamiento: i) por una parte, no cabe condenar a los administradores o liquidadores, de derecho o de hecho, apoderados generales o socios que se negaron sin causa justificada a la capitalización de créditos, a la cobertura total o parcial del déficit si con su conducta (la que ha merecido la calificación culpable y su declaración de persona afectada por la calificación) no han contribuido a la generación o a la agravación de la insolvencia; ii) y, por otra, el alcance o montante de esta condena estará en función de la incidencia que su conducta ha tenido en la generación de la insolvencia o en su agravación.

En el supuesto planteado existe una sola conducta que ha merecido la calificación culpable del concurso: irregularidades relevantes en la contabilidad para la comprensión de la situación patrimonial del concursado (art. 164.2.1º LC), resultando irrelevante para esta calificación culpable la valoración jurídica de si la irregularidad contable contribuyó a generar o agravar la insolvencia. En este sentido, se destaca en la resolución judicial que lo anterior constituye uno de los presupuestos de la condena a la cobertura del déficit, pero no es suficiente. Así, para esta responsabilidad por el déficit concursal sí es necesario que la conducta que ha merecido la calificación culpable del concurso, en este caso las referidas irregularidades en la contabilidad, hubiera contribuido a la generación o agravación de la insolvencia, que es la que a la postre provoca el déficit. Si bien para lograr la calificación culpable del concurso sobre la concurrencia de esta causa prevista en el artículo 164.2 de la Ley Concursal, la administración sólo tenía que acreditar la existencia de la irregularidad contable y su relevancia para la comprensión de la situación patrimonial del deudor concursado, para obtener una condena a la cobertura del déficit le correspondía, además, justificar en qué medida la conducta había contribuido a la generación o agravación de la insolvencia. Esta justificación supone, cuando menos, un esfuerzo argumentativo que muestre de forma razonable cómo la conducta generó o agravó la insolvencia y en qué medida lo hizo, aunque sea de forma estimativa. Sin perjuicio de que, en algunos casos, ante la imposibilidad de acreditar las causas de la generación o agravación de la insolvencia y, sobre todo, la posible incidencia de la conducta que ha merecido la calificación culpable del concurso, debido a esta propia conducta que provoca como efecto la imposibilidad de conocer y acreditar, sea posible invertir la carga de la acreditación. Esto último puede ocurrir cuando la calificación culpable del concurso se justifica por la concurrencia de las dos primeras causas del artículo 164.2 de la Ley Concursal, las que guardan relación con la ausencia o falseamiento de la contabilidad y con las inexactitudes graves en la documentación aportada al concurso por el deudor concursado. En ambos casos, no es que no sea necesario acreditar que la conducta generó o agravó la insolvencia, y en qué medida lo hizo, para poder condenar a la cobertura total o parcial del déficit, sino que puede ocurrir que la propia conducta haya impedido conocerlo y, por eso, resulta lógico que se desplace a los responsables de la conducta las consecuencias de esa imposibilidad de conocer y se presuma esa contribución a la generación o agravación de la insolvencia. Pero, insiste el Tribunal Supremo, que no cabe presumir en todo caso que las irregularidades en la contabilidad relevantes para comprender la situación patrimonial del deudor generaron la insolvencia.

En el supuesto, entiende el Tribunal Supremo que la sentencia recurrida no justifica de forma mínimamente razonable cómo la irregularidad contable de incluir en el balance un activo ficticio pudo agravar la situación de insolvencia, ni mucho menos que lo hubiera hecho en la cifra señalada por la Audiencia. De la lectura del informe de la administración concursal cabía extraer la justificación aducida de la siguiente mención, que sigue a la exposición de las conductas respecto de las que se pedía la calificación culpable: «ello implica: en primer lugar, que se haya generado o agravado la situación de insolvencia al no adoptar decisiones de solicitud de concurso o disolución de la empresa en lugar de seguir adquiriendo compromisos que no se iba a poder cumplir; y, en segundo lugar, que se haya dado una apariencia de solvencia a los acreedores de la empresa que no era tal, siendo por lo tanto la irregularidad relevante para la comprensión por parte de dichos acreedores de la situación patrimonial o financiera». De las dos consecuencias, la segunda incidía directamente en el cumplimiento de los elementos del tipo previsto en el artículo 164.2.1º de la Ley Concursal y servía para calificar culpable el concurso. Pero si se pretendía, además, la condena a la cobertura del déficit, precisaba de una concreción adicional sobre cómo esta apariencia había contribuido a la generación o agravación de la insolvencia. En cuanto a la primera mención, es una afirmación excesivamente genérica, una mera suposición empleada como argumento retórico, vacía de una mínima concreción. Indistintamente, se aduce que las irregularidades contables retrasaron la adopción de la decisión de pedir el concurso o de instar la disolución, sin concretar nada más. No se indica cuándo presumiblemente se encontraba la sociedad en estado de insolvencia, por cuánto tiempo presumiblemente se retrasó la solicitud de concurso, ni, lo que es más importante, cómo se incrementó desde entonces el endeudamiento. Lo que ocurre en este caso, destaca el Tribunal Supremo, es que, de hecho, la administración concursal, a pesar del reseñado argumento, no llega a afirmar que hubiera habido un retraso en la solicitud de concurso. No lo indicó en el primer informe del artículo 76 de la Ley Concursal, ni tampoco llegó a denunciarlo explícitamente en el informe de calificación, lo que además hubiera constituido una causa adicional de calificación del concurso (art. 165.1 LC). Por otra parte, tampoco se explica y justifica que esta irregularidad contable hubiera impedido a la administración concursal conocer las verdaderas causas de la generación o, en su caso, agravación de la insolvencia, lo que hubiera justificado presumirlo. Ello lleva, en definitiva, al Tribunal Supremo a casar la sentencia y modificar la sentencia de apelación, en el sentido de dejar sin efecto la condena de los administradores a la cobertura del déficit concursal.

Rodríguez Maseda imparte una conferencia sobre la empresa familiar en el Colegio de Abogados de La Coruña

El socio fundador de Dictum Abogados Juan Carlos Rodríguez Maseda impartió, el pasado 28 de febrero, la conferencia «Aspectos jurídicos de la empresa familiar y el protocolo familiar para empresarios» en el Ilustre Colegio Provincial de Abogados de A Coruña.

En el desarrollo de la misma, el CEO de Dictum Galicia y Dictum Consultant (Hong Kong) defendió como tesis que la naturaleza jurídica de los protocolos familiares no es compleja, sino bidimensional, al pretender resolver su esencia y concurrencia, generada por el establecimiento de pactos al amparo de la autonomía de la voluntad, como primera dimensión; con su inevitable realidad societaria, propia de su génesis empresarial, «que nos avoca a una segunda dimensión liderada por los pactos parasociales», explicó Rodríguez Maseda durante el encuentro. «Sus estipulaciones, en la medida de lo posible, deberían acceder a los Estatutos y disfrutar de la correspondiente publicidad registral y efectos erga omnes», concluyó.

Según el abogado, experto en Derecho societario, insolvencia y reestructuraciones empresariales y economía digital, esta explicación otorga la necesaria seguridad jurídica en la línea defendida por la jurisprudencia mayoritaria, «puesto que clarifica la estructura de los protocolos parasociales en: por un lado, la introducción o principios generales, ámbito propio para los “gentlements agreements”; por otro, los pactos estrictamente contractuales, que no pretenden efectos frente a terceros y que se enmarcan dentro de los pactos de relación, y por último, los pactos parasociales, de organización o de atribución, que podrán resultar reforzados con la publicidad registral propia de su acceso a la norma estatutaria».

A lo largo de su intervención, el socio de Dictum trató, asimismo, un aspecto de la responsabilidad concursal que afecta a este tipo de sociedades familiares, que es el retraso relevante en la solicitud del concurso y la necesidad de concretar perfectamente las funciones de los órganos que se crean en los protocolos familiares para evitar incurrir en supuestos de administración de hecho o, incluso, de complicidad.

Al término de la conferencia, la cara más amable llegó con el análisis de los retos que las nuevas tecnologías generan en las sociedades familiares. En concreto, Rodríguez Maseda trató el impacto que las tecnologías como blockchain pueden generar en cuanto a transparencia, eficacia, ahorro de costes y desintermediación, extendiendo también las consideraciones a los riesgos concurrentes y a la necesidad de profundizar en un cambio de mentalidad y estructural, desde la producción a la comercialización, como exigencias inevitables de la revolución digital.

Libro: La calificación del concurso y la responsabilidad por insolvencia

La obra, dirigida por Ángel Rojo y Ana B. Campuzano, socia de Dictum, y en la que colabora Aurelio Gurrea Martínez, recoge las conclusiones de la V edición del Congreso Español de Derecho de la Insolvencia, que se desarrolló en unión con el IX Congreso del Instituto Iberoamericano de Derecho Concursal, en Palma de Mallorca, en abril de 2013. El Congreso abordó monográficamente el tema de la calificación del concurso y la responsabilidad por la insolvencia.

La calificación del concurso como culpable tiene graves consecuencias para el deudor persona física o los representantes legales, así como en el caso de las personas jurídicas para los administradores y liquidadores, de hecho o de derecho, los apoderados generales o los cómplices. Por ello, se ha mantenido que la calificación del concurso cumple también una finalidad protectora de los intereses de los acreedores, ya que contribuye a aumentar el grado de satisfacción de los mismos. Ello tiene un importante protagonismo en el momento actual, en el que se mantiene un elevado número de concursos de acreedores cuya solución es la liquidación y, en esa medida, se produce la necesidad de calificación.

Esta obra recoge el debate y conclusiones del referido Congreso, con especial atención a las soluciones introducidas en la reforma de la Ley Concursal por la Ley 38/2011, que aunque ha tratado de solucionar algunos problemas normativos que se planteaban en el ámbito de la calificación, no ha evitado que subsistan importantes cuestiones que continúan siendo objeto de discusión e interpretación.

Directores Ana Belén Campuzano, Ángel Rojo

ISBN: 978-84-470-4594-5

Editorial: Civitas

Número de Edición: 1

Fecha Edición: 29/11/2013

Colección: DUO Estudios Civitas

Seminario APD: Responsabilidad de administradores y altos cargos

El pasado 22 de octubre en Ciudad Real, Dictum Abogados impartió un seminario sobre prevención de la responsabilidad, dirigido a empresarios, directivos y altos cargos, en colaboración con la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD). El encuentro contó, como ponentes, con Aurelio Gurrea Chalé, Antonio Caba Tena y Vicente J. García Gil. … Read more »

La discutida naturaleza de la responsbilidad concursal

Publicado en Legaltoday

La responsabilidad concursal de los administradores sociales de la persona jurídica concursada constituye una de las cuestiones más controvertidas, en lo que a su alcance y funcionamiento se refiere, desde su reconocimiento en la Ley Concursal. Su coexistencia con las acciones de responsabilidad de los administradores contempladas en la legislación de sociedades de capital y su régimen jurídico, son dos de los aspectos modificados por la última reforma concursal de octubre de 2011, poniendo fin con ello a muchos de los problemas que se habían planteado en su aplicación. No ha ocurrido lo mismo con su discutida naturaleza –indemnizatoria o resarcitoria, … Read more »

El II Foro Dictum reúne a expertos internacionales en responsabilidad de administradores en el concurso

Madrid, 29 de septiembre de 2011. El encuentro, organizado por Dictum Abogados con la colaboración de la Asociación Española de Derecho de la Insolvencia (AEDIN), ha contado con la presencia de Gerald Spindler, Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Goettingen (Alemania), Françoise Perochon,  Catedrática de Derecho Mercantil de la Universidad de Montpellier (Francia) y Gerardo Carlo, magistrado en excedencia de la Corte de Quiebras de los Estados Unidos, así como José Antonio García-Cruces, Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Zaragoza y Emilio Beltrán, Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad San Pablo CEU y director académico de Dictum Abogados, que ha presidido el Foro. … Read more »